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La sola invocación del término "Patagonia", por fuera de los límites territoriales argentinos, sigue activando la imaginación, curiosidad y deseos de extranjeros. Dominada por imágenes de naturaleza virgen, fantasías, mitos y leyendas, se ofrece como lugar de fuerte y creciente atracción, por supuesto en un nivel de aproximación a su realidad mucho mayor y absolutamente diferente del que tuvo en períodos de su historia de conquista, ocupación y poblamiento por el Estado nacional, a fines del siglo XIX. Hasta esa fecha el espacio físico, desde el río Colorado hasta Tierra del Fuego en el lado argentino y desde el río Bío Bío hasta el estrecho en el lado chileno, constituía el hábitat natural compartido de numerosas tribus indígenas, culturas originarias (araucanos, tehuelches, selknam, yamana-alacaluf) que resistían el avance fronterizo de ambas repúblicas. (para acceder al texto completo, haga click en el título de esta nota).

"La solidaridad no tiene fronteras ni límites; es lo que reivindica una humanidad que quiere salvarse, acorralada ante el egoísmo de un sistema individualista, elitista y criminal".